martes, 27 de marzo de 2018

The (our) ballad of the insomniacs.

Aun cuando todo te falle y no te queden fuerzas, acuérdate de mirar atrás,

estaré matando tus miedos;

cantando la balada de los insomnes.

Te quiero, Sara.

Lo prometido es deuda.

Para cuando me leas.

Espérame que ya llego.

jueves, 1 de marzo de 2018

Lo siento.

Lamento toda la ausencia de inspiración;
sigo buscando el lago verdoso donde los niños murieron en verano...


¿O estaban jugando?


Quién sabe.

jueves, 12 de octubre de 2017

Si estoy borracho, qué me importas.

Encontré una hora oculta
secreta entre las agujas
de un reloj que no se movía.

En ese momento eras escoria,
pero que importa si hay ginebra;
estoy bebido y no hay puerta
de emergencia en este antro.

Las nubes me abrazan las mejillas
mientras caigo al suelo desplomado,
pero suena música que me inunda.
Por mi puede irse todo al carajo;
si estoy borracho qué me importas.

Un borracho triste.
Uno que palpita.
Uno que ríe y gira.
Que se tambalea mirando
fijamente a tus ojos.
Y te graba en las pupilas
su extraño coctel
de amor y odio.
Y te abraza.
Y cae.
Y sueña.

«Menuda forma de volver tiene el Palacio. Gracias.»

lunes, 7 de agosto de 2017

Cuando abracé el vacío de la noche.

Hace poco en un delirio,
caminé entre los bosques
y entre ríos y matorrales,
y poco a poco me fui helando.

Primero fueron los capilares
los que dejaron de sentir,
luego las cuatro extremidades,
luego el pecho; luego fin.

La cabeza me temblaba, dolía
y no dejó de entumecerse.
Los labios morados probaron el hielo
de la saliva congelada al nacer.

El cielo cayó como una emboscada
sobre mi pobre y tierna piel,
hasta que no dejó de ella
ni los huesos que la aguantaban.

Cuando abracé el vacío de la noche
al rato lo llenaron las estrellas,
porque si miras entre ellas
como por arte de magia aparecen más.

Y en un triángulo de estrellas
había una que se retorcía
como rabiosa entre otras dos;
como agarrada a dos cadenas.

Un resplandor en el borde del ojo,
y pareció derramarse el cosmos
sobre ese techo que me envolvía
y me acunaba entre sus brazos.

No hubo por qué temer la noche;
alumbrado por esa brillante jauría
que desterró toda la pena.

lunes, 12 de junio de 2017

La patética pataleta de mi yo (roto).

Con las ojeras de pensar demasiado
veo ponerse el sol sin prisa ni ganas,
como el que ve hundirse un anillo en el río
o un recuerdo ya olvidado.


El día a día parece una broma.
¿Pero acaso hay mejor máscara,
para ese chiste de mal gusto,
que una sonrisa bien afilada?


El deseo de llevarme la soga al cuello;
la patética pataleta de mi yo, roto,
no es mas que otro torpe ejemplo
de una forma de perder el control.


Vivir por vivir, luchar por no morir.
Es aferrarse a un clavo al rojo
que te calienta el corazón
justo para no dejarte helado.


Pero no conozco otro camino
que el de ver como se desmorona
el castillo de arena sobre el que ando,
subyugado a las olas del mañana;
convirtiéndose en sucio barro.



Hay veces en las que ni yo misma tengo fuerzas
para reconstruir el Palacio.